Música del Alma – Sonidos del corazón
De Lex van Someren
La música es una especie de lenguaje y a través de ella las personas pueden encontrarse mutuamente en un nivel más profundo. Mi música cuenta la historia de mi mundo interior – para mí es un camino para conectarme de nuevo con mi esencia, es una expresión de mi alma. La música se ha convertido en mi “lenguaje del alma”, así es como yo lo llamo. Aquellos que sepan oír con los sentidos y el corazón abiertos, podrán percibir las vibraciones del alma en mi música y reconocerse en su propia dimensión del alma.
Mientras más profundizo en la música y el baile – y esto puede sonar como una paradoja – tanto más descubro el silencio en mí, en un lugar tranquilo de riqueza espiritual. La alegría que siento cuando actúo, canto o compongo la vivo como un camino para expresar mi alegría y fuerza vital. Junto a el baile y Tai Chi , la música y el canto se han convertido para mí en una práctica espiritual, desde que estoy capacitado sobre todo por estas formas de arte, a tocar y experimentar lo más sagrado dentro de mí.
Cuando compongo música o cuando actúo, a menudo entro en un estado de consciencia distinto – similar a un estado de trance – pero con plena consciencia, y en este estado siento como me fundo con la existencia, con lo divino, si se me permite la expresión. Esta es mi manera personal de rezar. Mi rezo (bendición) es más fuerte cuando canto, bailo o actúo como Clown. Es mi regalo al mundo y el regalo del mundo que recibo del mundo.
La fuerza de la belleza
“en la belleza estamos unidos
A través de la belleza, rezamos,
Con belleza conquistamos”. (Nicolás Roerich)
Creo firmemente en la fuerza de la belleza y la estética, y mi intención me lleva a volcarlo en mi arte. En nuestra cultura occidental todo está montado sobre la veneración de la mente racional, lo que nos ha separado de vivir la vida desde el corazón y la intuición, apartándonos de la belleza.
Mi percepción de la vida es holística, enfocando sobre todo la energía desde el corazón: suave, delicado, armoniosa, estética y también fuerte y movida. Mi empuje intuitivo, mi pasión me lleva a crear la llamada “música del corazón”, venerando el espíritu de la sencillez, de la belleza y de la fuerza pura de vida.
Soy muy consciente de la fuerza que tienen la música, los sonidos y los tonos. Tonos, y sonidos son instrumentos naturales pero poderosos, que pueden cambiar energías y estados de ánimo. Pueden destruir o sanar. Me veo a mi mismo como un sanador, aunque soy un artista-performance y músico, y uso mis artes como fuerzas para sanar. No estoy interesado en producir música solo para ser consumida. La música empieza a ser interesante para mí, cuando transmite algo sobre los niveles más profundos y limpios de nuestra existencia.
Para mí la sanación es algo que amplía mi consciencia a nivel holístico – una sensación, ser completo, Uno con todo dentro de mí y con todo lo que me rodea. Soy una pequeña parte en un todo mayor – como un pequeño pez en un océano del drama cósmico. Así consigo llegar a la veneración y al milagro, un sentimiento de belleza, fluidez, armonía y humildad. Desde este lugar creo música. Es un lugar donde siento la unión con el “más allá” y con la belleza del universo. Esto es lo que yo llamo “experiencia espiritual” porque mi música es una expresión de esta experiencia, podríamos decir que la música transmite un lenguaje espiritual.
Los oyentes perciben, consciente o inconscientemente, este lenguaje. Cuando las personas escuchan mis CDs a menudo y sobre todo a un volumen alto, la música puede resonar en todo el cuerpo y hacer que entren en contacto con ese lugar, que está en resonancia con la “unidad” – el universo en su interior, que es la esencia de la sanación.
Cada vez me alimento más de ese lugar auténtico dentro de mí y el resultado es, que mi propia energía espontánea y creativa surge desde este vacío. Es en estos momentos cuando me siento más en contacto con mi fuerza natural original.
Mi arte, los rituales sencillos, que interpreto y mi forma expresiva de rezar surgen desde esta profundidad, esta fuerza primigenia en mí. Me gusta definirla como intuición, porque no es mi mente la que se involucra en ello. Todo ello ocurre fuera de la mente: tonos, melodías, gestos, pasos de baile e impulsos fuertes para mover mis manos de una forma determinada en direcciones determinadas – todo ello llega a mí al momento.
Nada de todo ello está basado en una formación cultural o tradicional, de las que haya podido disfrutar. Aún así, siento que mi arte está profundamente unida o - quizás nace - de numerosas tradiciones culturales y espirituales, que siento integradas en mí.
Muchos de mis oyentes también parecen tener esa experiencia. Ven y oyen elementos tradicionales de los aborígenes americanos, de los tibetanos, japoneses y otras culturas orientales, así como egipcias antiguas, españolas, celtas ó tradiciones sami, por nombrar un par de ejemplos. Yo también lo siento. Me siento muy identificado con estas antiguas tradiciones. Es como si todas fluyeran a través de mí como formas naturales de expresión del arte – aunque en algunas de ellas no he tenido casi formación – ¡más bien, al menos no en esta vida! Es un proceso puramente intuitivo – no tengo mejor definición para ello.
Quiero construir puentes entre las distintas artes musicales, utilizando sonidos, melodías y arreglos, que sean fácilmente comprensibles para el oído occidental, y usar al mismo tiempo sub-tonos que provienen de antiguas culturas o alejadas y que portan un mensaje profundo para la memoria del alma de los pueblos.
En mi trabajo procuro que –aunque los elementos musicales puedan ser tan distintos entre sí – el resultado posea el potencial, de dirigir la mirada de los oyentes hacia dentro, y asentarse en su propio mundo mental-espiritual.
Seguramente mi lenguaje al cantar seguramente no es un lenguaje en el sentido común de la palabra, pero yo lo siento como un verdadero lenguaje – Jabbertalk-Gibberisch-Tonos absurdos-lenguaje fantasía- que integro espontáneamente en la canción. No pienso en ese momento en lo que digo o canto. Mi mente pensante no está actuando. A veces lo llamo el “lenguaje de la no-mente”. Para mí se convirtió en un camino lleno de fuerza, para surgir y expresarme verbalmente desde mi más profundo Yo.
Suena como un lenguaje, pero solo está compuesto por silabas melódicas y tonos, que nacen en el momento. Es en realidad liberador, cantar de esta forma, ya que no estoy limitado por idioma alguno. El lenguaje del alma es libre de cualquier condicionamiento y de construcciones y asociaciones mentales, que están presentes en cualquier otro lenguaje.
Se necesita algo de valor, para soltar sus inhibiciones, y comenzar a explorar su propio lenguaje del alma. La experiencia de muchos años de seminarios me ha demostrado, sin embargo, que cualquier persona es capaz de hacerlo. Y ha quedado demostrado que este lenguaje del corazón tiene un efecto profundamente transformador. Es cuestión de práctica – ¡y de disfrutar haciéndolo!
Es como meditación y juego, que se convierte en una forma viva de rezar. Creo que nuestros rezos deberían ser más juguetones y espontáneos.
Rezar, para mi es estar al unísono con Dios, o si te resulta más familiar, con lo divino. Como dije anteriormente, me encantan la expresión “Rezar es contestar a la llamada de Dios”, y no al revés. De esto se trata realmente cuando hablamos de mis canciones y mi música.
Dado que no es un lenguaje mental, es como un camino para dejar que fluya una “energía” transparente a través de mi canto. La mayor parte del tiempo siento, que se trata de energía impersonal de calidad trascendente. Es como si yo fuese en ese momento un médium para que pueda transmitirse esa energía.
Es una experiencia enriquecedora poder crear tanto desde el rio creativo de mi alma. ¡En todo caso, le estoy muy muy agradecido a la Creación por poder hacerlo!
Lex van Someren